jueves, 12 de mayo de 2016

Vómito

Sí, a mí también me hubiera gustado defenderme.

Una constante en mí ha sido el pensamiento de reproche y sentimiento de culpa:
“Si no hubiera estado con él ese día” “Si no hubiera bebido la noche anterior” “Si hubiera corrido más rápido antes de que jalara mis cabellos” “Si hubiera  mordido con todas mis fuerzas… si hubiera pateado sus testículos… si hubiera gritado…”

Son incontables las cosas que hoy se me ocurren, sin embargo en ese momento no hice nada más que lo que podía hacer y estando ahí,  desnuda y sometida por una bestia iracunda y llena de odio hacia a mí, lo único que se me ocurrió fue “Mejor ya no te resistas Galha o te irá peor”

Y eso hice, llegó un punto en el cual no me resistí y aún así  mi cuerpo quedó sumamente lastimado.

Horas pasaron antes de que me pudiera levantar de dónde me dejó. Días pasaron antes de que lograra dejar de vomitar. Semanas pasaron antes de que pudiera quitarme la sensación espantosa en mi vulva rasgada. Meses pasaron antes de que pudiera volver a dormir con las luces apagadas.

Sí, a mí también me hubiera gustado defenderme.

Me hubiera gustado pelear con garras y colmillos. Pelear hasta el final, el de él o el mío.
Me hubiera gustado defender mi cuerpo, proteger mi integridad, abrazar mi pecho.
Hubiera preferido no perder absolutamente nada, ni la fuerza, ni la tranquilidad, ni la estabilidad mental.
Hubiera preferido matar a mordidas, estrellarle el cráneo en la pared, arrancarle el pito y tirarlo a los perros de al lado.

Me hubiera gustado verlo morir ahí, no sobre mí, sino en mis pies…

Y en cambio vi una fiera cegada no por el placer sexual, vi una fiera cegada por el placer que le regaló el  poder.
Sus ojos, su voz, sus palabras lo decían “¿A ver? Mándame la chingada ahora. Dime que me vaya, dime que no me quieres volver a ver… andale… huye de esto a ver si puedes pendeja”

Cegado por el placer de poder someterme y mandar. Dominarme, doblegarme, demostrarme que quien llevaba el control era él con su fuerza bruta y no yo con mis estúpidas decisiones.

Digo todo y nada sin un sentido, lo sé. Recuerdo su despedida “Ahora sí olvídame… si es que puedes”

Se encargó de que jamás lo hiciera.

Mi tarea es lenta, larga y muy dolorosa…  y qué??
Me hubiera gustado defenderme aquel día… no lo logré.
Pero hoy sí puedo… hoy, mañana y cada día como deba hacerlo lo haré.

Galhamar Ryg



Imagen: Juan Carlos Boveri

No hay comentarios:

Publicar un comentario