martes, 10 de mayo de 2016

Poca Madre

¡¡No!!   No me gusta este día. No me gusta recordar que tan solo…

No celebro esta fecha y evito tomarla en cuenta al igual que muchas otras. Estoy convencida de que el pobre San Valentín,  el buen Jesucristo, Los malgastados Abuelos, La mamacita Patria, La sacrosanta  Madre  y cuanta cosa son solo usados como carnada por un sistema podrido y voraz para lograr vaciar los bolsillos de las personas…
Pero en realidad me vale harta madre de qué forma la gente gasta su dinero. No es mi asunto.

Lo que sí es asunto mío es el hecho de que no me gusta el 10 de mayo porque se festeja el día de las madres.  El día de esas madres que dan la vida por sus hijos, las que no piensan en ellas mismas, las que se entregan, las que son capaces de hacer a un lado sus propios intereses, su cansancio, su proyecto de vida con tal de estar y ser para sus hijos.  Hoy es día de las madres que los aman por sobre todas las cosas. Las que jamás los rechazan, las que nunca por ningún motivo los abandonan. Las que bien podrían decirle a la virgen María “quítate que ahí te voy”.

Hoy es el día de la madre que es la mejor amiga, la mejor guía, el ángel mandado por dios desde el mismísimo cielo para ayudarle en la tierra a hacer la chamba. Es el día de la madre que además de todo amor es comprensión, entrega, salud y cuidados, consejera, nutrióloga,  profesora, trabajadora  incansable… Y la lista podría seguir, seguir y no tener fin si se trata de enumerar los atributos que tienen las madres… al menos en mi país… dicen.

No lo dudo. No cuestiono. No juzgo a nadie. Simplemente esta historia es desconocida para mí.
He evitado al máximo meterme en estos terrenos porque no me son nada sencillos.
No me es nada sencillo reconocer que mi relación con mi madre ha sido áspera y difícil. Así como tampoco me ha sido fácil reconocer que he sido de las madres más chafas que se han dado en los últimos tiempos… ¡¡¡Bueno!!! Madre alcohólica pues… ahí humildemente.

No me es nada sencillo decir que no me gusta ver la miel que se derrama entre madres e hijas cuando la constante en mi relación con mi madre ha sido la desconfianza, la guerra por el control y por la supervivencia emocional.

Mi madre nunca fue mi  mejor amiga, ni me aceptaba tal cual era, de hecho le caía yo mal: “Me chocas” en sus propias palabras.
 Le chocaba yo por encimosa, chillona, histérica, loca (más tarde entendí que eso era algo así como provocativa con los hombres o puta pues pa’ pronto)  metiche, fodonga, cochina…  limosnera de amor…  eeehhh!!! Con eso basta por ahora.

Le chocaba yo por ser quien soy. Quizás por ser su hija, quizás por ser mujer, quizás porque ella era muy joven para ser mi madre, quizás porque yo era muy rebelde para ser su hija.
No sé exactamente por qué, el caso es que yo tengo claros recuerdos de rechazo, de abandono, de falta de amor, de no ser suficiente para ella hiciera lo que hiciera.   Y eran situaciones sumamente confusas porque dentro de todo lo que yo vivía estaba también el  bien consabido ES POR TU BIEN, CUANDO ESTÉS GRANDE ME ENTENDERÁS, CUANDO TENGAS A TUS HIJOS… y por supuesto barnizado de la sociedad que dice que MADRE SOLO HAY UNA,  NADA COMO EL AMOR DE UNA MADRE, TE PUEDE FALLAR EL MUNDO PERO NO TU MADRE etc.
Sí, era confuso porque muchas de las cosas que yo vivía y percibía nada tenían que ver con el amor incondicional, ni si quiera con la aceptación de mi persona.
 Años más tarde (diciembre 2015 para ser exactos) Me enteré por sus propias palabras en una carta que me entregó, que efectivamente no me amaba. Fue triste leer esa carta, pero en realidad no me dijo nada que yo no supiera desde siempre. Me costó trabajo aceptarlo y reconocerlo, cosa que ya había hecho al leer su carta, mas siempre desde niña lo supe en mi corazón.


A través de un laaaaargo y doloroso proceso yo he tenido que comprender para poder sanarme, que ella, aunque es mi  madre, no es más que un ser humano que también tiene una historia personal difícil y tiene todo el derecho de amar o no, incluso a su propia hija… incluso a mí.  Y a ella no se le dio eso del instinto materno o al menos no conmigo de forma inmediata.

He tenido que comprender para poder sanarme, que las mujeres no siempre nos apoyamos unas a otras y que la rivalidad y la envidia pueden ser atroces si no se les detecta y corta de tajo… Sí, incluso entre madres e hijas.
Del mismo modo he comprendido que todo lo que en mi niñez viví me llevó a ser lo que soy ahora y comprendí el por qué de tantas relaciones torcidas bajo el vínculo que sea (parejas, amistades, compañer@s) el por qué de mi eterna persecución por el amor inalcanzable de alguien, el por qué de mi extrema fragilidad ante las muecas, gestos, rechazos. Entendí por qué me ha costado tanto y tanto trabajo aprender a amarme y aceptarme tal cual soy… Era de esperarse.

Y aunque he comprendido muchas cosas y he perdonado otras tantas, de ninguna forma he podido sanar mágicamente la forma de relacionarme con ella. No le tengo confianza y a decir verdad no  la considero ya parte importante de mi vida. La veo el día de hoy con respeto, cariño y agradecimiento  y a su vez  con distancia, tomándome el espacio necesario como para poder existir sin sentirme insuficiente, rechazada, agredida, cuestionada o manipulada.  Esto ya no lo quiero y ya no me lo permito, sea quien sea.  

Y en línea descendiente directa… tampoco me gusta el 10 de mayo porque yo no sé cómo se es una buena madre.  Yo no soy de las que peinan a sus hijos, ni los he traído bien limpios o planchados porque no sé lavar ni planchar bien. Yo nunca los he obligado a estudiar para que sean “alguien en la vida” porque los convencí desde pequeños que YA son alguien valioso desde el momento en que se concibieron. Yo no los he enseñado a ser obedientes, de hecho les he dicho que sean rebeldes, que cuestionen lo que se les dice, que aleguen lo que no les parece y que nunca bajo ninguna circunstancia se sometan ante algo injusto… sí!! Incluyéndome y me ha tocado pagar por ello.

Yo no he sabido ser buena madre porque jamás me he mostrado hipócrita con ellos, ni mucho menos santa o buena mujer.  Ellos tienen clarísimo que su madre se equivoca y comete horrores y tiene deseos y frustraciones y necesidades como cualquier otra persona. Saben que su madre es un simple mortal y que está lejísimos de ser casta y pura. Saben que su madre está mal de su cabeza  y los tres lo dicen fuerte y quedito ESTÁS BIEN PINCHE LOCA PERO ASÍ TE AMO literalmente.

Mis hijos me han visto llorar, gritar, carcajearme, beber cuando lo hacía, han sido consientes de las parejas que he tenido, conocen mis traumas,  conocen mis anhelos, mis limitaciones como cocinera y ama de casa, mis incapacidades sociales, mis arranques violentos sin sentido… uufff!!!
No terminaría de enumerar tampoco… Pero todo lo que soy lo saben mis hijos.

 Infinidad de veces me han hecho saber que estoy mal (el resto de la gente) infinidad de veces me han cuestionado el por qué los educo de tal o cual forma o por qué no me escondo de ellos para hacer tal o cual cosa. Me han regañado y criticado porque les doy demasiada libertad, porque hablo abiertamente de sexo con ellos, porque me llevo pesado o nos hablamos con groserías, porque les he permitido tomar sus decisiones y las he respetado como lo haría con cualquier otra persona…

 Sí… soy una mala madre… y a decir verdad me pesa. Me pesa mucho no ser como las demás, el tener que defenderme de los dedos acusadores y ser fiel ¡¡¡escúchate Galhamar Ryg!!! Ser fiel a mis propias convicciones muuuuy a pesar de lo que se dice que yo debería ser, defenderme a pesar del miedo que he tenido toda mi vida a ser rechazada, defender mis convicciones y de un modo a mis cachorros a pesar de que no tiene ningún sentido lo que hago con ellos. Porque a final de cuentas quien ha ganado en este personaje (La madre que soy) ha sido totalmente mi intuición y mi instinto materno, no la razón ni mucho menos los argumentos sociales.  

Finalmente me ha pesado mucho desde que era una niña el no ser como “debería” y quienes más me lo hacen notar son precisamente los vínculos que tengo con  mi madre y mis hijos…  qué curioso no??

Así que bueno… No me gusta este día. No me gusta recordar que tan solo  Soy Galhamar Ryg.

Galhamar Ryg

Imagen: Carlo Maratta

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