miércoles, 27 de abril de 2016

Tristeza

No sé ni qué escribir.
Recientemente me prometí no parar más ni un día. Me hice la promesa porque me exigí ser fiel a mi vocación. Me gusta escribir, amo las letras, me sanan, me arropan, me abrazan.
Sin embargo hoy no sé qué escribir. No sé por dónde empezar o qué tema abordar… más bien dicho, no sé cual de todas mis heridas delatar. Porque por ahora son varias las que me revolotean en el estómago y me tienen con una sensación constante de nauseas.

No sé si escribir acerca de mi manada. Los extraño mucho.
Extraño sus voces y sus carcajadas, sus travesuras, sus “puntadas” como diría mi Arvany.
Extraño sus ruidos por las noches, sus besos adormilados por las mañanas. Sus anécdotas, sus inquietudes, las historietas de Ova.
Extraño los besitos de Guray… como de pollito.  A Tatsú siempre dispuesta, a Mugen echando humo.

Los extraño a todos.  Hoy he pasado un largo rato mirando algunas fotos que forzadamente les arrebaté. Y me di cuenta que observarlas me hace sentir en esos momentos y en esos lugares donde estuve con ellos… me duele el pecho…

¡¡Ojalá les hubiera tomado 2 mil fotos más!! Hoy llamé a mis cachorros y se encuentran medianamente bien, hemos tenido que alejarnos más de lo que ya estábamos, no puedo verlos,  solo escuchar sus voces distraídas, aunque en el fondo algo me dice que también me extrañan y les urge volver, pero disimulan, no quieren preocuparme.

No  me preocupan, a decir verdad ellos no me preocupan, son fuertes y tienen bastantes recursos  como para sobrevivir a las circunstancias, saben que haré lo necesario para que vuelvan pronto. No me preocupan porque están en las mejores manos que hoy por hoy hay para ellos. Están bien, tan solo les he solicitado que resistan, que no peleen, que confíen en mí. Y sé que así es.

En este instante no sé qué demonios debo hacer, ni cual es la salida prudente o de qué forma conseguir dinero rápido para que vuelvan. De alguna manera todo está en pausa, la vida y las circunstancias me han puesto en pausa… intento relajarme, trabajar más de lo habitual, escuchar y seleccionar la música correcta para no deprimirme, orar, planear… apoyarme en quienes me brindan desinteresadamente su mano… Sí, intento, intento todo el tiempo no partirme aún más de lo que ya me han partido…


No quería escribir porque no quería llorar, porque no quería adentrarme en esta sensación de pesadez y opresión que me acompaña desde entonces en el pecho.  No quería escribir porque me dan más ganas de vomitar al mismo tiempo que escribo y lloro.

Tan solo pido a mi Diosa Madre que me dé paciencia y prudencia, que en las noches me abrace y los proteja.
Tan solo he atinado a, el día de hoy, conseguirme un lugar para dormir y estar serena, en silencio, sin preocupar a nadie, sin escuchar a ninguno. Porque no quiero hablar, ni escuchar, ni contestar preguntas incómodas o deshacerme. Solo quiero estar sola. Solo quiero estar sola.




No sé si sea prudente escribir acerca del “amor”. De ese Señor engañoso y tramposo que se dice llamar “Amor”. Me cae mal.
No lo entiendo, no entiendo por qué es que se me niega si en realidad no soy una mala mujer…
Amo lo que soy y tengo muy claro que además de maravillarme a mí ha maravillado a otr@s a mi alrededor, he logrado crear vínculos importantes y trascendentes aún cuando no tengo frente a frente a otra alma.
Amo, abrazo y me entrego… Y de pronto resulta que esas mismas características que me hacen tan adorable son las que me hacen igualmente insoportable. Resulta que precisamente “esto” que soy y todo lo que mi ser envuelve me convierte en una especie de “Mujer Misterio” capaz de atraer a cualquiera pero al mismo tiempo, capaz de causar miedo y repulsión…

¡¡¿¿De qué carajos se trata todo esto??!! ¡¡Qué bromas más cruel la que me hace la vida!! He llegado a pensar… sospecho que en realidad lo que atrae de mí no es en sí mi esencia, sino el deseo incontrolable de querer ahogarla, dominarla y poseerla. No son mis ojos ni mi mirada, sino la necesidad de acallar la rebeldía que la acompaña. No son mis sentires o pensares lo que los llama, sino la maldita curiosidad de saber de dónde diablos es que me sale tanta y tanta patraña. No es en sí mi cuerpo si no el deseo de poseerlo, dominarlo y someterlo, sentirse de algún modo mi dueño…

No lo entiendo. No entiendo nada de esto y me lastima, me lastima creer, entregar, mostrar, compartir y recibir un portazo por respuesta… En fin, de alguna forma ya sabía que no se me da mucho eso del “amar” en realidad. Sigo creyendo en los vínculos JUSTOS. Sigo siendo la estúpida “exigente” porque sigo sin tener la disposición de recibir menos de lo que doy. No sé amar pues… eso ya lo sabía.




No sé si sea prudente hablar acerca de una sensación que me está ahogando. Hablar y mostrar lo terrible que es saberte de ninguna parte. Saber que hoy estás en un lugar que no te pertenece y que solo dios o el diablo saben dónde has de dormir mañana.
Me ha dolido enormemente sentarme en una banqueta, prender un cigarro y preguntarme “¿qué hago ahora? ¿a dónde voy?”  Opciones hay siempre y sé que se pudieran ofender algun@s al saber que me he visto en esta situación, sé que incluso se ofendería como el que más la persona que me brindo su apoyo en ese sentido… espero no lea esto jamás.  Porque la realidad es que nada es mío, la realidad es que no tengo derecho a nada en ninguna parte y estoy en riesgo constante de que la mínima situación “incómoda” provoque que sea expulsada con gritos o palabras dulces o hasta incluso “por mi propio bien” de donde sea que esté, por lo que  lo único que puedo y debo hacer es adecuarme, tolerar y agradecer enormemente que tenga un techo por esa noche.

 Añoro mi cama, mis almohadas, el pedacito de casa que me pertenece solo a mí, donde puede acurrucarme, soñar, escribir, leer. Extraño mi pedacito de casa donde vienen mis cachorros y se echan conmigo a platicar y no parar de reír. Extraño ese lugarcito mío, mío y solo mío… Extraño andar por la calle segura sabiendo que pase lo que pase al anochecer podré llegar mi guarida y descansar sin incomodar a nadie con mi tristeza o traumas, sin molestar con mi música o mis gestos, sin ocupar e invadir un espacio que no me pertenece. Extraño sentir que pertenezco a un lugar y que a su vez me pertenece y me sostiene.

Hoy desde el lugar en el que estoy solo he podido romper en llanto, removiendo con ello un poco la roca que me está aprisionando el pecho… quisiera, necesito vaciarme más…


No sé ya ni qué escribir…

Galhamar Ryg

Imagen: Francis Danby

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