martes, 22 de marzo de 2016

Lejos

“No soy mala hierba… solo hierba en mal lugar” Dice Bunbury en su canción.

Por fin, después de 12 días completos de terror, he podido descansar, relajar mi cuerpo y sentarme por un momento a analizar, sin mucho éxito, qué diablos es lo que está sucediendo.

Quisiera olvidar para siempre, borrarlo de mi mente, despertar de la cruel pesadilla. Incluso he pensado no mencionarlo nunca más, ni al platicar con alguien, ni al escribir, ni si quiera medio pensarlo… Sin embargo necesito reconocer y aceptar que existe en mi vida un antes y un después de la violación de la cual fue víctima mi hermana.

Dejando de lado el dolor y la ira, no por virtud, sino por falta de tiempo para atender eso; hemos tenido que desbaratar, semiorganizar y reconstruir nuestras vidas en tan solo 12 días.
Aunque me importa y mucho saber cómo es que cada miembro de mi Manada ha vivido esta situación, la verdad es que no he tenido mucho tiempo para sentarme con cada uno y escucharlos.  Y en realidad ni si quiera he tenido mucho tiempo como para sentarme en silencio y escucharme a mí, sin embargo necesito intentar comprender un poco, ya no lo que sucedió sino lo que en consecuencia se derivó como cascada.

De entrada para mí fue un descontrol total y absoluto de mis emociones. De la ira corrí a toda velocidad a la tristeza, pero en el camino me tropecé con la impotencia y la desesperación, por supuesto cometí la imprudencia de pisar muy fuertemente en el balcón de los recuerdos despertándolos a todos al salir y dar un portazo.  Por un momento ya no sabía si quiera qué era lo que estaba sintiendo. Todo revuelto, todo hecho nudo, todo completamente intenso, tanto que aún no logro quitarme completamente la sensación que tengo en la boca del estómago de vacío y ganas de vomitar…

De a poco lloré al escribir, otro poco en los cálidos brazos que se me abrieron de frente. De a poco reaccioné con prudencia y a pesar de lo que sentía, pude resolver, planear, buscar opciones, dar apoyo, escuchar a quien necesitó de mis oídos y todo esto sin dejar a un lado mis actividades cotidianas.

Me he sentido exhausta y al mismo tiempo satisfecha. ¡¡Sorprendida!! ¡¡Es increíble como la vida puede darte un giro tan extremo de un día para otro!!  Mi Manada entró en una especie de batalla, todos lucíamos preparados con armadura y armas en mano formando  círculo, replegados, cerrando filas, hombro con hombro, guerreando, con los sentidos alerta, viendo por dónde podía atacar el enemigo. Y atacamos, nos defendimos y resolvimos.

De momento la batalla cesó. Después de correr, buscar, trasladar, procurar la seguridad de todos y organizar cómo, cuándo y de qué manera era prudente actuar, llegó todo al punto en el que me senté y me encontré aterrorizada completamente al ver que toda mi Manada quedó segura, protegida y unida, anudada. Pero yo…

Yo me rompí. Se me cerraron las puertas, se me terminaron las opciones y se me dejó al final tan solo una opción: “Por un tiempo prudente permanecerás lejos de tu manada, ya no vivirás bajo el mismo techo, ni los verás a diario. Por un tiempo prudente tendrás que hacerte a un lado, pues por el día de hoy, la Manada te necesita lejos de ella.”
Sí, lo sé, más que una opción parece una sentencia y no logro comprender el por qué.

Independientemente del lugar al cual llegué y las circunstancias y personas que me llevaron ahí, lo cual es maravilloso, debo decir que yo me siento hoy afuera. Me siento fuera de ellos, rota e incompleta,  siento que soy la pieza del rompecabezas que hace falta.   Los extraño, los necesito. Todo esto me llevó a recordar el tiempo aquel en que mi cachorro mayor salió de casa. En apariencia la pregunta era: ¿Qué va a hacer mi “pequeño” sin mí? Pero conforme pasaron los días me di cuenta que en realidad la pregunta que atormentaba a mi corazón era: ¿Qué va a ser de mí sin él? Así hoy me pregunto ¿Qué va a ser de esta Loca sin su Manada? ¿Por qué es que yo soy la única que ha tenido que separarse? ¿Qué no se supone que el pilar y sostén de ellos soy yo?

Las circunstancias se presentaron de tal manera que no me quedó más remedio que apartarme y no solo eso, se me dijo claramente también: “Esto está fuera de tu control Querida Galhamar, vas a tener que dejarte caer”

Dejarme caer no en el sentido de darme por vencida y derrotada, sino en el sentido de cerrar los ojos y dejarme caer hacia atrás con la plena confianza de que habría alguien dispuesto a contenerme y cuidar de mí.

Auch… auch… aaauuuccchhh!!!!! Yo no sé hacer eso.

Soy buena para ayudar, dar soluciones, movilizarme, apoyar, hacer fuerte a cualquiera que me necesite, pero no me he permitido estar en el punto vulnerable de ser la persona que necesita ayuda y además de necesitarla la acepta.  Todo se me presentó de tal manera que tuve que dejar que la Manada “funcione” sin mí… (Como si no fuera posible ¡¡estúpida arrogante!!)  Y además tuve que dejar que alguien viniera en mi auxilio y resolviera todo por mí. Porque yo no pude. Porque yo ya no tenía recursos, porque yo ya no sabía qué más podría hacer… Y mira que decir esto me agrede… ¡¡Cómo fregados no voy a poder!! Siempre fue uno de mis “lemas”



Al terminar de acarrear todo, cuando cayó el anochecer y me vi en ese lugar sin la Manada y frente a la persona que amorosamente me tendió la mano, no pude más que llorar.

-No te preocupes Pequeña. Yo te voy a cuidar, estaré al pendiente de los horarios, no andarás sola, aquí estás segura y no va a pasarte nada malo.

-Es que a Galha solo la he cuidado yo. Estoy agradecida inmensamente, sin embargo me siento muy extraña.


Sospecho que todo esto se ha presentado precisamente para que aprenda esto en específico. Para que me dé la oportunidad de relajarme y quitarme de los hombros el peso que da jugar el papel de dios/todopoderoso. Sospecho que se me ataron las manos con la intención de que me dé cuenta que soy digna total y absolutamente de ser amada y protegida por un ser humano honesto y genuino. Sospecho que Mi Diosa Madre está tejiendo este episodio de mi historia con la intención de que me dé cuenta de que yo solo soy una persona más y que lo único que puedo y debo hacer es lo que me corresponde, puesto que hay cosas que exclusivamente le corresponde al Universo resolver.

“No soy mala hierba… solo hierba en mal lugar”  Las violentas y sorpresivas circunstancias en esta ocasión me han obligado a estar en el lugar que me corresponde, lejos de ellos aunque me duela  y por igual me han obligado a doblar las manos y decir:



Amada Diosa Madre que me habitas…
Concédeme Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar
Valor para cambiar aquellas que sí puedo
Y Sabiduría para reconocer la Diferencia
Hágase Madre Mía tu voluntad y no la mía



Aún no estoy segura de que mis percepciones sean correctas. Solo por hoy estoy donde debo estar, viviendo lo que debo vivir, de la manera más hermosa y perfecta… aunque hoy no lo pueda comprender.


Galhamar Ryg



No hay comentarios:

Publicar un comentario