jueves, 13 de agosto de 2015

Día 5...

Explícale a mi ser que hay que esperarse…
Explícale que hay reglas irrompibles y que tiene que guardarse.
Explíquenle a la euforia de mi cuerpo que no hay carne y que tiene que dormir a solas, fría, cada noche sin cansarse.
Explícale a mi pecho que se duerma, a mis ojos que no hay lágrimas ni sol ni fuego que perezcan.
Explícale a mis manos que no hay pieles, que a sus ojos los cegaron, que sus mieles enjaularon, que sus ríos me son negados.
Explícaselo tú si acaso puedes. Has que te comprenda  el corazón que no tiene escapatoria que quedó atrapado entre sus redes.
Explícale a mis cabellos que no deben desesperarse, que tarde o temprano volverán a ser tocados, enredados sin perderse.
Tú si agallas tienes, díselo… Dile a mi piel que no está muerta sin sus dedos y que de pronto aparecerá entre la neblina a darle vuelos.
Explícame porque es que no puedo en este instante besar sus frescos labios y las razones tan idiotas que los necios inventaron.
Y no tan solo me lo expliques sino que has que me convenza…
Convence a mi razón a cerrar su boca y no pelear como una fiera.
Convénceme en el cielo que me escucha si le canto.
Convénceme en el agua que me enfría cuando  me baño.
Convence a mi cintura de quedarse cauta y que se espere quieta y tranquila esperando de nuevo su llegada…

Eso pensé… Ni tú ni nadie puede convencerme que lo ignore. Que deje de amarlo aunque callada, sola y por rincones.
Bien sé que nadie puede convencerme de olvidarlo, ni lograr con palabras estúpidas que deje de añorarlo.
Nada ni nadie puede sepultar lo que en mi pecho ha renacido: Flores, campos verdes, océanos profundos, estrellas brillantes, Lunas resplandecientes, Soles eternos, caricias deslumbrantes.
Ni aunque lo expliquen o lo encierren. Ni aunque  me callen o me ignoren. Ni aunque lo nieguen o reprochen.

Respira en mí y yo me duermo en sus ojos.
Bebo el agua de su piel, él se ahoga en mis antojos.
Desespero por besarlo y él añora saborearlo.
Piensa en mi mente y yo siento en sus abrazos…

Enciérralo, cállame, ciégalo, mátame… Pero ni así podrás ni tú ni nadie impedir que mis rizados cabellos renazcan de la tierra y seguirán creciendo entre sus dedos como  hierba.
Mi espíritu, mi corazón y mi mente ya no son tan solo mías.
Me las robó en el fuego que prendió en mi cama con sus ardientes caricias.
Me derramó agua fresca en el cuerpo y germinaron sus semillas.
Soy en él la brisa cálida que da alegría y él es en mí el coro de mariposas que  me arrancan las sonrisas…
Explícatelo mejor a ti y entiéndelo si acaso puedes.
Somos uno, nos amamos… aunque les pese.

Galhamar Ryg

Imagen: Frank Bernard Dicksee

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