lunes, 22 de junio de 2015

No vas sola

¡¡Qué fácil es decir AQUÍ NO PASA NADA!!
Si me caigo y me rompo un hueso ¿Qué se debe hacer? Ir al médico y sacar una radiografía, luego el yeso, revisiones varias y terminar con una terapia motriz… dependiendo de la gravedad de la fractura ¿o no? ¿Y qué me avisa que me rompí un hueso? El dolor

Si acaso tengo gripa  ¿Qué se debe hacer? Ir al médico, que me haga un buen diagnóstico, receta, tratamiento con antibiótico, antiestamínico, analgésicos y por lo menos dura 7 días  este numerito ¿o no? Y ¿Qué me dice que estoy enfermita de eso? Pues los síntomas que van desde escurrimiento nasal, fiebre, tos, garganta irritada hasta un terrible dolor en tooooodo el cuerpo que no me deja ni comer normalmente.

¿¿Y qué me dices de las muelas?? Aaasssshhhhh!!!! ¿Alguna vez te ha dolido una? ¿Qué hago? Ir al dentista y suplicar que me cure o me la saque porque no se puede ni dormir, ni comer, no soporto la luz, duele el oído. El  médico me dirá  (y  presumo  que mi dentista es de lo mejor) si necesito primero desinfectarla para luego tratarla o extraerla y qué tratamiento debo seguir, qué pasos hay que dar y muchas de las veces tiene que sacarla DESDE LA RAÍZ para poder terminar con el martirio  ¿qué me dice que está mal algo en mi boca? Un maldito, desgraciado hijo de la gran %$&#@ dolor insoportable que se dice es el segundo más intenso que puede sufrir un ser humano después del parto… ¿o no?

¿Por qué no así con las emociones? ¿Por qué cuando me duele el alma no hago caso? ¿Por qué el afán de andar por la vida con un gran disfraz jugando a la optimista cuando por dentro me siento vacía, triste, desolada, aterrada? ¿Por qué no atender otro tipo de enfermedades? Las del alma, las de las emociones, las del estómago entumecido de sentir tanto miedo, las que adormecen el rostro por contener las lágrimas que urge derramar, las que generan un par de hombros endurecidos por no poder desahogar el coraje que regala una injusticia. La enfermedad que refleja la orfandad del espíritu y la pobreza de mi autoestima… Entre otras.

Atiendo rápidamente las situaciones o los dolores físicos porque sé que un médico o un tratamiento del tipo que quiera (alópata, alternativo, sugestivo, metafísico etc.) puede ayudarme a aliviar esos dolores y por supuesto tener una vida de calidad  mejor. Pero de pronto olvido que la raíz de todas mis dolencias físicas radica en mis emociones. En mi falta de habilidad para manejarlas o bien sanarlas y extraer de raíz los dolores, los traumas, los resentimientos, las carencias.  Se me olvida que lo primero que necesito para vivir una vida de calidad equilibrada es estar en paz. No tranquila solamente, sino en paz.

Pero para llegar a esta paz necesito transitar primero un camino de verdad cruel. El que me lleva a recorrer cada momento de mi chaparra vida. El que me muestra exactamente dónde, cuándo y de qué manera fue que mi seguridad emocional se fracturó; dónde, cuándo y de qué manera fue que me perdí como individuo y me dejé arrastrar por las críticas, los señalamientos, las imposiciones y aseveraciones injustas que se hicieron sobre mi persona; tengo que transitar este maldito camino que me va a mostrar nada más que la raíz de mi enfermedad emocional.

Me ha quedado más que claro que para adentrarse en este camino pantanoso, lleno de hiedra, basura, insectos, ratas muertas y cadáveres hediondos, necesito de mucho valor y mucho coraje, porque una cosa sí es seguro : ¡¡¡¡ME VA A DOLER!!!! Y mucho
No me va a ser nada agradable descubrir esas raíces y además olerlas, analizarlas y arrancarlas, porque después de todo son parte de mí, de mi historia personal y de las bases sobre las cuales me he conducido desde que tengo uso de razón.

Mi experiencia personal me dice que el precio que tuve que pagar para arañar la paz ha sido el dolor y es un precio verdaderamente alto.  Dicen que para poder percibir la luz debemos conocer la oscuridad y que muchas veces llegamos al cielo no por virtud sino porque en realidad estamos huyendo del infierno. Ya pagué ese precio, ya conozco el dolor y hoy después de tanto y tanto valor y coraje, después de tanto y tanto transitar este camino pantanoso puedo (repito) arañar un poco de esa paz:

Esa paz que me regala el perdón a mí misma por los errores que he cometido y los daños que he causado, la paz que  me regala el perdón a mis semejantes, la paz que  me regala el ser responsable de mí y de todo lo que conlleva ser yo. La paz que me regala el confesar mis culpas a Mi Poder Superior en presencia de otro ser humano como testigo. La paz que me regala el compartir con otr@s mi tiempo, mi esfuerzo, mi experiencia, mi poca fortaleza y la mucha esperanza que tengo de vivir mejor.
La paz que me regala conocer a mis serpientes y entender que la guerra terminó, porque no es cuestión de seguir guerreándole al mundo, sino de aprender a dominar a estas locas que me habitan, aprender a callarlas y darles medicina, habilitar la parte de mi sano juicio que persiste y se aferra cada día al rayo de luz que Mi Diosa Madre me regala a través de la bendita sobriedad que empiezo a acariciar.

Si me preguntaras ¿VALIÓ LA PENA MIRAR HACIA ATRÁS?
Mi respuesta sin dudar sería SÍ, TODO, TODO, TODO, HA VALIDO LA PENA
ES UNA EXPERIENCIA QUE NO TE PUEDES PERDER. Y ADEMÁS PRECIOSA, ESTOY DISPUESTA A ACOMPAÑARTE A TRAVÉS DE ÉL.


Para mi amada BuBo con mi corazón.

Galhamar Ryg


Imagen: Louis Jean Francois

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