martes, 14 de abril de 2015

Una mirada al espejo

“¿Qué me hiciste? ¿Qué me hiciste?” Era todo lo que podía hilar mi cabeza. No era una pregunta hacia a aquel hombre que horas antes había ultrajado mi cuerpo sin piedad y sin la menor consideración que se le puede tener a un ser humano. No era la pregunta para él…

Estaba frente al espejo, semidesnuda, con la cara pálida, los labios sin color, el cabello hecho estropajo, mis manos sin fuerzas, con las piernas a penas sosteniéndose, mis ojos rojizos goteando lágrimas... No solo había consumido una exagerada cantidad de alcohol, sino también había quemado hierba. En cuanto me pude mover lo primero que hice fue ir a buscar qué tomar.  Llena de ira, terror, deseos de venganza, deseos de matar. Llena de tristeza y soledad, desesperación, aturdimiento, lo único que sabía después de haber sido violada es que necesitaba beber, beber y drogarme hasta no sentir. No soportaba el ardor que sentía en mi cuerpo, ni el olor que no era el mío, no soportaba la sensación de mis cabellos estirándose, ni la saliva que aún sentía en mi pecho. No soportaba sentir, ni pensar, ni analizar. Necesitaba urgentemente beber, beber y nada más.

Y ¿acaso fue de otra forma hace algún tiempo? La forma en que inició todo fue tan simple: A mis 22 años tenía 2 hijos y estaba separada, dispuesta a “vivir mi vida” dispuesta a no obedecer más a mamá, a no adorar más al que fue mi esposo, a no renunciar a mis ideales, ni aburrirme toda la vida atendiendo a mis hijos quedándome encerrada y sin “realizarme” ¡¡Qué equivocada estaba!! Nada tenía que ver la libertad con el alcohol… al contrario. Y sin embargo a esa edad en que nada te derrumba, nada te hace daño, las gripas pasan junto a ti como moscas, las crudas o resacas son como un eructo incómodo pero nada que no puedas resolver fácilmente. A esa edad en que te sientes inmortal y aseguras que “a ti no te va a pasar”, el alcohol se convierte en un aliado de la inmortalidad pueril. El alcohol me dijo que nada malo iba a pasar si lo abrazaba. Que por fin era dueña de mi vida y que podía tomar mis propias decisiones. Me dijo que yo era la mujer más hermosa mientras bebiera y que a su lado tooooooodos los hombres que estuvieran alrededor querrían estar conmigo… “Además no se irán o si se van, al menos me habrán querido lo suficiente… si quiera por 5 minutos”

Buscando una y otra vez ser lo que una vez fui: La niña amada, La Princesa Amanecer, La Luz de sus ojos. Buscando una y otra vez darme el permiso de reír tan fuerte como quisiera, de bailar tan sensualmente como me saliera, darme el permiso de pensar, expresarme, sentir, desear, fantasear. .. Dándome el permiso total de adormecer los dolores de antaño y de no ver de frente una realidad que no me gustaba. Dándome con la primera copa la oportunidad de entrar al mundo de las fantasías donde todo lo que yo necesitaba era real y todo lo que en la realidad me dolía se convertía en irreal.

Si de inicio el alcohol me sirvió para todo ello, al tiempo se convirtió en la red de agujas en la que me vi enredada. Agujas que suavemente se clavaron por todo mi ser, que me desangraron poco a poco, que me apretaban más cada vez que intentaba liberarme.
Infinidad de veces me había visto en el espejo a lo largo de mi vida y había visto mi mirada, el color de mis ojos, mis expresiones de ira o de tristeza. Pero nunca jamás como aquel día:
“¡¡¿Qué me hiciste?!!” Era lo único que atinaba a comprender

Llevaba ya 2 años bebiendo todos los días, con dolores insoportables en mi estómago, en mi hígado, todas las mañanas me juraba que no volvería a beber y en las noches desaparecía mágicamente todo el dolor que antes sentí, era empezar de nuevo cada día, empezar de nuevo a “vivir” para morir lentamente. Llevaba dos años de casa en casa, de cama en cama. De despedir aromas que no pertenecían a mí, sino a cualquier idiota que pasara por ahí mientras bebiera. Dos años de llorar y suplicar una salida sin poder alcanzarla. Dos años de mostrarle al mundo  mi miseria y mi incapacidad para sostenerme por mí misma. Dos años de traer a vueltas a mis hijos, enredándolos entre mis patas torpes e inconscientes de lobezna.
Dos años de jugar con mi vida y ponerla en riesgo al manejar a altas horas de la noche ebria, al caminar por calles oscuras yo sola con tal de conseguir más alcohol.  El riesgo físico de morir por el simple hecho de tragar y tragar cantidades desorbitantes de ese veneno.  Dos años de agredirme una y otra vez por medio de lo que consumía y las situaciones en las que me metía… Como estar con ese hombre en constante riesgo de gritos, golpes y todo tipo de violencia…   Dos años de tocar fondo… Diez años desde la primera vez que hice contacto por primera vez con el alcohol.

“¡¡¿¿Qué me hiciste??!!”    Aquel día no pude responder, solo lloraba mientras fijamente observé mis ojos, con esa mirada perdida y poseída, esa mirada suplicante, desesperada, llena de inmenso dolor y angustia. Esa mirada fuera de lo que soy y atrapada por el “amo y señor alcohol”.
Aquel día no pude responder y no sabía qué decirme, solo atiné  a buscar a rastras una cama para poder dormir…

Aquel día, como muchos otros en ese tiempo, desee  morir. Sentía que no había un mañana y que cada día que transcurría era una nueva tortura. Una vez más no importaba, una copa más daba lo mismo, una violación más era nada. Ya nada podía importar en ese momento, ya lo había sentido todo y lo tenía todo perdido, porque no me tenía a mí, no tenía ni la mirada alegre, ni las ilusiones, no tenía el calor de mi corazón, ni la sensibilidad de mi alma. No tenía esperanzas  y los sueños se habían esfumado, no tenía ganas de vivir y seguir sintiendo lo mismo que había vivido siempre: Soledad, tristeza, rechazo, desamor, abandono.



A seis años de esos momentos siento escalofrío al recordar. Siento dolor en mi estómago y dolor en mi corazón. El dolor sereno que me recuerda “Ya pasó”. Puedo agradecer aquel día. Aquel día cruel, aquel dolor físico y espiritual que sentía, puedo recordar con gratitud que no morí aquel día y puedo ver que esta experiencia como muchas otras más son el mayor tesoro que tengo porque puedo compartirte mi experiencia. Y puedo decir que los milagros existen, que Yo Soy uno de los Milagros que existen. Hoy a seis años de esos momentos te escribo a ti que necesitas saber esto y te digo que solo tienes que extender tu mano y pedir ayuda, llegará a ti en cualquier momento. Hoy a seis años de ese cruel momento terminaré de escribir para mirarme de nuevo en el espejo y esta vez sonreír para mí, pintar mis labios de rojo intenso y decirme amorosamente:

Galha Amada: Hoy es un buen día para VIVIR!!!!!


Galhamar Ryg
 Imagen: ¿Madison?

2 comentarios:

  1. Amiga querida siempre me han gustado mucho tus escritos tus poemas tus inquietudes me encantan , pero no sé no me deja publicar .. te re " amo un abrazo fraterno !!

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    1. Tere!!! Sabía que eras tú querida. Muchas gracias por dejar tu comentario. Yo también te amo y te abrazo con mi corazón

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