viernes, 24 de abril de 2015

Somos Hermanos

Anoche recibí la bendita visita de mi hermano el más pequeño y su gran amada 
¡¡Ya los extrañaba!!  Siempre es un gran placer para mí estar con ellos, además de tener un vínculo sanguíneo con él, tengo con los dos un vínculo profundo de amistad y me siento afortunada por ello.

Además de desvelarnos y fumar como dragones charlamos, lloramos, nos carcajeamos. Saltamos de un tema a otro y de la risa al llanto, de la coca al cigarro, de los hechos recientes a los recuerdos de antaño:

“… Y no puedo más que hablar de mí, de mi experiencia, del camino que encontré. Sé que no todos tenemos el mismo, ni los mismos recursos, ni la misma misión. Si me pongo a analizar a conciencia cuanto fue que perdí gracias al alcohol, puedo decir que perdí mi dignidad, el sentido real de la vida, la confianza de mis hijos, la capacidad para tomar decisiones prudentes, la sensación tan sencilla de tomar un vaso con agua. Y solamente puedo mirar hacia atrás para darme cuenta que esa historia de terror vivida bajo la influencia del alcohol es el mayor tesoro que tengo, porque no puedo darme el lujo de olvidar aquellas noches en las que no podía dormir por el terror que la vida misma me provocaba, no podía conciliar el sueño si no estaba totalmente embrutecida y perdida en esa sustancia. No puedo darme el lujo de olvidar que no acostumbraba a comer de manera regular porque si comía el alcohol perdía potencia en mi cuerpo y el objetivo era sentirme… más bien NO sentirme. Sería un lujo para mí enterrar el recuerdo de las noches en que caminé a solas de madrugada en busca de más y más y más…
Enorme el lujo de olvidar cómo fue que les arranqué a mis hijos la tranquilidad, la estabilidad emocional, mental y física a la que estaban acostumbrados. Los dolores de mi estómago, hígado, brazos, piernas, manos; dolores despiadados que me impedían vivir serena y me obligaban a consumir un “poco” más para calmarlos.        La de veces que me prometí YA NO MÁS y al par de horas rompía mi promesa, mis esperanzas y las pocas fuerzas que creía tener.
Sería además de un lujo una imprudencia el fingir que no fui esa mujer con la piel marchita y la mirada perdida, la que suplicó por una caricia, la que intercambió el cuerpo por una bebida, la que pensó en venganza por una paliza.   Esa  mujer de trapo para quien la vida no era más que un conjunto de incongruencias y de olas de mezcal que la arrastraron hasta las aguas más profundas, oscuras y siniestras de la soledad, el terror y el aturdimiento en cada nuevo despertar…

¡¡¡Noooo!!! No me puedo olvidar de nada de eso y necesito igualmente compararme con la que soy el día de hoy.    Necesito ahora ver que fue necesaria la humillación a mi descomunal ego para poder doblar las manos y pedir ayuda. Fue necesario comprender que era de vida o muerte la situación y que con mucho dolor tenía que aceptar que sola llegaría a un destino fatal. Necesito ahora sumar las cosas que tengo conmigo a raíz de la última borrachera:
De nuevo la bendita confianza y el perdón de mis cachorros.
De nuevo bebo agua cristalina y siento el viento acariciar mi piel
De nuevo puedo bañarme y disfrutar de la sensación que se le regala a mi cuerpo
Puedo por fin mirarme al espejo y ver lo hermoso de mis ojos y más profundamente de la mirada llena de vida, de ilusiones, de esperanza.
Disfrutar de las noches frescas en las que fumo a solas un cigarro y asomo la cabeza por la ventana, ya no para querer morir, sino para respirar profundamente y recordarme que lo mejor de mi vida está aquí y ahora y una bella sorpresa vendrá el día de mañana.
El  dormir profundamente después de una buena terapia, de una charla con mis amigas, de un beso de buenas noches a mis muchachos.
El  levantar la frente bien en alto y tener la capacidad de responder por mis actos, saberme y presumirme digna de confianza y capaz de trabajar y sostenerme a mí misma y a los que de mí dependen.
El acariciar apenitas eso tan anhelado llamado estabilidad, sabiendo que poco a poco llegaré lejos si me mantengo ocupada de mi vida y dejo vivir a los demás.
Cerrar mis ojos donde sea que necesite y pedir a Mi Diosa Madre su consejo, su abrazo, su canción…
Tener la maravillosa sensación de que no estoy sola, de que nunca más estaré sola porque Ella está conmigo y me regala experiencias, momentos, vínculos, sensaciones que desconocí y no creí alcanzar jamás.
El poder el día de hoy mirar hacia atrás y ver que ese terrible pasado cambió, pero sobre todo tuvo un sentido, un objetivo y su misión: Mostrarme la Luz en medio de la más terrible oscuridad… Permitirme reconocer mi propia Luz y empezar a brillar bajo la misma

¡¡Qué no diera yo por compartirles no solo la experiencia dolorosa sino también la esperanza y  felicidad!! La seguridad de que el camino que se me presentó funciona y que llegaremos a puerto seguro si vamos de la mano por él.   Pero no soy nadie para imponer a otros mis caminos y no tengo el derecho ni si quiera de dar mi opinión respecto a lo que los otros deben o no hacer.    Alguna vez SID me dijo que todo lo que hacemos tiene una repercusión en el resto, para bien o para mal y aún le creo. Lo único que puedo hacer es vivir mi proceso y buscar mi propia luz porque de algún modo, aunque estemos lejos alcanzaré a alumbrar  un poco sus pasos así como ellos lo hacen conmigo.  

Al final final, sé que aunque la montaña de pronto se abrió en cuatro para darnos a cada uno un camino personal, llegaremos tarde o temprano a estar de nuevo unidos  festejando el encuentro en la cima de la montaña, escuchando los tambores de Kenshin, asombrándonos con el Poder de el  Gran Mago, compartiendo los pinceles con Sid 
Y sí podremos “reflejar la belleza del cielo en la tierra” Porque somos Luz, somos Guerreros y somos Hermanos…”


Los amo y los abrazo con mi corazón…



Galhamar Ryg


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