miércoles, 11 de febrero de 2015

Guray... El Guardián del Tesoro

Hace años cuando iniciaba mi andar por los caminos oscuros del alcohol, hubo algo que de momento me puse el freno. La llegada de mi tercer hijo.

Recuerdo estar adormecida  el día de su nacimiento y su llanto me hizo despertar, estaba junto a mí en una cama, de él emanaba una luz blanca. Será el lugar, será lo anestesiada que yo estaba, pero el hecho es que al verlo pensé MI HIJO ES LUZ. ¡Lucía taaaaan blanco y hermoso!

Mi vida cambió, si ya empezaba con los asuntos del alcohol y la vida desenfrenada, este hecho me calmó un poco, pero para una alcohólica como lo soy yo, solo es cuestión de tiempo para volver a las andadas. Mi pensar era que ya había hecho mucho en casa, que ya merecía un descanso, que los quehacer y responsabilidades propias de ser “madre” me agotaban y tenía merecido y bien ganado un relax. Acompañada del pretexto de haber sido madre muy joven y sin muchas oportunidades para divertirme, al ir creciendo ellos más me tronaba yo.

En alguna ocasión estando borracha los saqué de casa a las 3 de la mañana después de una discusión con mi madre que se oponía a mi forma de vivir. De ahí su padre decidió llevárselos a vivir con él y con justa razón,  yo no podía verlos más que los domingos mismos que falté muchas veces porque aún estaba bebiendo o no podía sostenerme en pié.
Cuando logré que volvieran a vivir conmigo ya bebía yo todos los días. Todos. A diario compraba leche y pan para la cena de ellos y mi buena dotación de alcohol para mi cena. Por ahí recuerdo una noche en que empecé a emborracharme MÁS de lo normal y en esa noche junto con la mitad del día siguiente me acabé todo el dinero que estaba destinado para la comida de una semana.
En múltiples ocasiones nos cambiamos de casa y ellos de escuela. Sin mencionar la de veces que me vieron totalmente alcoholizada, vomitando, llorando, peleando, faltando a clases por mis crudas etc. Menciono solamente pocos ejemplos de mi comportamiento porque fueron muchas cosas más y alguna vez tuve la desfachatez de preguntarme ¿LE HABRÉ CAUSADO MUCHO DAÑO A MIS HIJOS?

En el camino de la recuperación encuentro que todos esos actos han sido de mal juicio pero podía escudarme en el hecho de que no tenía conciencia y estaba bajo los efectos del alcohol, pero el día de hoy ya no es así. Ya no bebo, ya no estoy tan inconsciente (me falta mucho pero he avanzado) y aunque no soy culpable de mi enfermedad, sí soy responsable de mi recuperación. 
Y parte de esta es ponerme en paz con la gente a quien he dañado, por supuesto  los primeros en la lista de espera o más bien en la lista que ya no espera son mis hijos.

El más pequeño tiene 13 años adora burlarse de su chaparra madre, en distintas ocasiones platicando  con  los tres me han dicho que yo no soy una madre normal y que más que ser madre parezco la hermana de ellos y el pequeño Guray remata ¡¡Y LA HERMANA MENOR!! 
Me parecía simpático y extraño porque efectivamente no solo ellos me ven como  hermana sino que yo misma me siento como hermana… y sí, a veces como la hermana menor.

Pero no soy su hermana, soy su Mamá!!!!! Y este hecho me ha pesado enormemente: No ser su madre, más bien el no serlo en realidad. Intento a diario tener un gesto de esos que tienen las “buenas mamás” y hacerles sentir poco a poco que sí lo soy, he tenido miedo muy grande a decirles que no sé cómo hacerlo, ha decirles que su llegada a mi vida ha sido maravillosa pero igualmente aterradora.


Hace poco intentando ponerme en paz con él le pedí que platicáramos y la charla fue más o menos así:

Galhamar: Hijo, Quiero pedirte perdón por no haber sido la madre que tú mereces tener. Te amo con todo mi ser.

Guray: Mmmmm ¿hablas de algo en específico o en general?

Galhamar: En general.                   –No quería y en realidad no debía dar datos específicos, solamente hacerle saber que estoy arrepentida de lo que he hecho o he dejado de hacer con él.

Guray: mmmmm lo siento, esto es gracioso, disculpa si me río. Pero tú eres la madre perfecta para mí, si yo mereciera otra, hubiese tenido otra.

No me esperaba esa respuesta, incluso esperaba que él aprovechara el momento para desahogarse y decirme una o dos o 30 mil cosas que tenga que decirme. Pero no fue así.

Galhamar: Tal vez tienes razón, pero quiero decirte que voy a intentar ser mejor, porque tú mereces una mamá mejor de la que tienes.

Después de pensar un poco me dijo:

Guray: Solo explícame algo, ¿haces esto por mí o por ti?

Su pregunta me cayó como charco en periférico, pensé BUENO!! QUÉ ESTE NIÑO TAMPOCO PUEDE SER UN HIJO “NORMAL” jajajajajaj

Galhamar: … Creo que por los dos…                       --Respondí con dudas, era obvio que lo hacía por mí, porque yo necesitaba tener la humildad suficiente como para reconocer ante mi hijo que he estado muuuuy equivocada en muchas cosas, necesitaba sentirme en paz con él y sentir que aún no es tarde para que yo sea su mamá y no su hermana… pero no sabía si decirle eso. Y finalmente remató:

Guray: Si lo haces por mí, yo no lo necesito porque lo que me has hecho ya te lo perdoné aunque no sepas y lo que no recuerdo seguro no me dañó porque me acordaría.   Pero eso que yo no recuerdo perdónatelo tú misma. Yo estoy bien contigo. Tú eres mi madre loca y desquiciada y rara… muy rara pero así te amo.

¡¡¡¡Yo no me esperaba esto!!!!     De hecho creo que lo “normal” de un chico de 13 años era que me dijera sus resentimientos, que me insultara, que aprovechara mi vulnerabilidad del momento para soltar todo lo que pueda tener aprisionado y no fue así. Me llenó tanto de desconcierto su actitud porque estaba preparada para lo peor, no estaba preparada para lo mejor: Su perdón y su aceptación a mí, tal cual soy.
 Además porque me dejó la tarea más difícil todavía PERDÓNATE TÚ MISMA…
¿Es eso entonces lo que tengo que trabaja ahora? ¿¡¡El perdón por mí misma por no haber sido la madre que yo hubiera deseado ser!!?     Jajajajajajajajaj ¡¡Rayos!! De por sí ya estoy loca y ahora este muchacho con sus respuestas me pone a girar de nuevo la cabezota.

Se me caía la cara de sorpresa, mi corazón lloraba por dentro, frente a él solo mantuve una sonrisa y le agradecí sus palabras…

Habrán sido los lugares, habrá sido lo anestesiada que he estado durante toda mi vida, el caso es que hoy, de nuevo a sus 13 años me vuelvo a dar cuenta de que Mi hijo ES Luz.  Ahora no fue su llanto sino sus palabras lo que me hicieron despertar y de nuevo le da un giro a mi vida, a la de por sí ya nueva vida mía.

Galhamar Ryg

Imagen: ¿¿¿???

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