viernes, 2 de enero de 2015

¡¡¡Papá!!!

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--¿A qué edad se fue papá Galha?

Me preguntó poniendo frente a mí sus hojas extrañas con números rojos.
Señalé con mi dedo tembloroso el número 3. Y aunque no se haya ido físicamente sí se fue de mi vida emocionalmente.
--Y  todos estos años qué has hecho?

Buscar y perseguir, pensaba sin hablar, añorar y maldecir, no entender absolutamente nada del por qué mi vida había tenido que ser así. Sin entender ni perdonar, sin resolver porque ni si quiera era consiente de que debía perdonar su abandono y su rechazo.

--Lo tienes aquí Galha frente a ti. Háblale, ¿qué le quieres pedir? ¿Un abrazo, un beso? Quizás necesites reclamarle y reprocharle que te haya abandonado.

Tan solo era un hombre muy joven, inmaduro. ¿Cómo podía reclamarle a un muchacho inconsciente algo, lo que fuera?  Cómo podía reclamar o pedir si seguramente me dio exactamente lo que tenía, no podía darme más.

**No puedo, es un niño, no puedo reclamarle, no sé cómo** logré decir en voz bajita entre sollozos.

--Es verdad, él era un niño inmaduro de menos de 25 años, Galha pero tú tienes 3. ¿Logras verte de esa edad? ¿Logras ver lo que esa niña necesita ¿Logras ver lo que merece?

Esa palabra MERECER me retumbó las entrañas ¡¡¡Justo eso!!! Lo que merece, lo que merezco, porque ni si quiera he sentido merecerlo.
No pude más y de mi pecho salió no un grito ni un gemido, sino un alarido de dolor, esa niña desgarró mi garganta y le llamó, llena de vacío al hombre que por años había necesitado tanto:

***¡¡¡Paaaappppááá!!!   ¡¡¡Papito!!!***

--Bien Galha, grítale, toma mi mano, toma de mí la fuerza que te falte, no abras tus ojos, llámalo Galha, llámalo, pídele que venga a ti.

La voz dulce y tenue de esa mujer me penetró el cerebro. Tomada de su mano y entre lágrimas y gritos, con un dolor insoportable en el pecho, no solo el grito estalló, estallé yo.

***¡¡¡Paaaapppááá!!! ¡Papito abrázame! ¡Abrázame papito por favor!***
Por mi boca salió desde mi pecho el grito aterrador de una niña de 3 años, muerta de miedo, necesitada y urgida de amor. Salieron por mi boca 34 años de orfandad, de soledad, de incomprensión, de desolación…

***¡¡¡Papito, ya no diré nada, papito… papá ven por favor!!!***

De pronto no solo las lágrimas salían, mi voz se desgarró, mis piernas pataleaban, mis uñas arañaban lo que había a mi camino, mi corazón dolía… de verdad dolía.

¿Cómo es posible que haya podido vivir tantos años con esa sensación?
La sensación de abandono y que ni siquiera en terapia me sintiera con el derecho de reclamar atención y amor? Atención y amor que me arranco, que no me dio
¿Cómo fue que mi alma lograra resistir tanto dolor y tanto vacío? ¿De qué estoy hecha que el abandono, el desprecio y el rechazo no lograron matarme?

¿Existe un sentimiento más terrible que el de sentirse huérfano?
Huérfano de amor, de atención, de aceptación, de comprensión ¿Puede un ser humano tener mayor necesidad que la que tiene por un abrazo y un “Te amo” de papá y de mamá?
Los alaridos desprendidos parecían ser de alguien más, no era yo. No era la voz de esta que escucho a diario. ¡¡Noo!! Era una niña que suplicaba por un hombre, como lo hizo tantas veces a lo largo de su historia.
Cualquier otro hombre, cualquier otro nombre, atrás tenían el mismo rostro y la misma necesidad:
La necesidad del amor de papá.

Galhamar Ryg

Galhamarryg2014@gmail.com

4 comentarios:

  1. Aleccionador y para reflexionar. Emotivas lineas Galhamar. Me gustó tu relato. Un abrazo!

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    1. Alonso Gaudionlux gracias por leerme. Besos querido

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  2. Me encantó , está muy bueno y qué situación ... pobre del qué le ha tocado vivir esa experiencia límite , muchas gracias guapa un abrazo !

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