miércoles, 3 de diciembre de 2014

Crueldad

Cruel: Que se deleita en hacer sufrir o se complace en los padecimientos ajenos. r.a.e.

v  Por las mañana los 3 primeros vagones de cualquier línea del metro parecen un verdadero salón de belleza. Paradas, sentadas, en el piso, recargadas o incluso sin agarrarse va un buen número de mujeres maquillándose, es mágico ver como sube una con la cara lavada, sin pestañas, los labios al natural, el color de su piel aún se percibe y su mirada apresurada y nerviosa;  pero se baja otra distinta con unas pestañas donde no había, con cejas que parecen calcomanías, con la cara polveada como mazapán y con un color muy diferente al de su cuello, pero ella HASTA ENTONCES se siente hermosa.       ¿No es esto cruel?

v  En el aparador hay un sinfín de formas, tamaños, colores y sabores de exquisitos pasteles. Algunas pasan de largo, otras se deciden a comprar y saborear uno. Pero hay otras más que deciden ni si quiera voltear porque sienten sufrimiento al verlos. Ya que si los consumen tendrán que provocarse el vomito para deshacerse de los millones de calorías que introdujeron en sus perfectos cuerpos. Porque para ellas la perfección y la belleza está basada en las modelos de las revistas de moda y en las pasarelas donde todas lucen como espaguetis.  Si engordan son feas (según ellas)     ¿No es esto cruel?

v  Él no la llama. A pesar de los intentos de ella de complacerlo, de consentirlo, incluso de renunciar a sus propios proyectos con tal de apoyar los de él. Permitió que le gritara y la humillara. Sexualmente accedió a hacer cosas que no quería.  Cuando era necesario económicamente lo sostenía. No tenía nada que ocultar por lo tanto su celular, correos, y privacidad podía compartírsela.  No había problema en el que ella no lo apoyara, reconfortara o incluso le resolviera. Si él se excedía un “poquito” con los celos era seguramente porque la amaba demasiado y ella había tenido alguito de culpa.  Pero parece no ser suficiente, parece no importarle nada y finalmente ella se entera de que nada de lo que hizo sirvió, porque le dijeron  que él dejó de llamar porque encontró a “otra” “mejor”     ¿No es esto cruel?

v  Solo observa a las que están a su alrededor y le incomoda verlas con minifaldas y escotes, zapatillas y labios rojos… Ella no viste así, ella usa una falda larga y un sueter grande que la cubra y la proteja, que esconda su belleza.   Teme mostrarse al mundo y al mismo tiempo verse a sí misma.  No vaya a ser que le guste verse, no vaya a ser que después le guste tocarse, no vaya a ser que luego le guste estar a solas y aprenda a disfrutarse. No vaya a ser que se vuelva poderosa y libre.  Quizás sea mejor no ver a las otras o esconder el temor en el juicio… Tal vez sea más seguro no moverse o tal vez  eso le han hecho creer. ¿No es esto cruel?

v  Un día más pasa sin que pueda detenerse, ya no quiere consumir, ya no!! Pero no puede parar. Necesita un trago, con urgencia, con desesperación. Uno solito que le dé la posibilidad de relajarse, de olvidar lo que ayer hizo o tal vez de acordarse.  Necesita sentir resbaladizo a través de su garganta ese líquido rasposo que la quema y al mismo tiempo parece acercarla al cielo.  Con uno solo, pero de pronto viene otro y luego otro y luego otro y luego… Despierta y ya no entiende como fue que inició el ciclo nuevamente. Sufre y llora y se arrastra y pide perdón y se siente denigrada sin valor y desesperada. Pero si se toma otro, uno solo, solito… tal vez…    ¿No es esto cruel?


Estas son solo algunas formas en las que las mujeres habitualmente nos tratamos con crueldad.  No necesitamos de ayuda externa para maltratarnos, hemos comprado tan bien la idea de aparentar, depender, necesitar, envidiar y competir que nos empeñamos en destruirnos en la búsqueda vana de logar ser alguien que no se es.
Es tremendamente desesperante y angustioso el hecho de no poder alcanzar la aprobación del externo. Y aunque hoy siendo adultas ya nadie nos “somete” desde pequeñitas mamamos ideas equivocadas y CRUELES, CRUELES, CRUELES.  Lo menciono 3 veces porque una es crueldad para mi cuerpo, la segunda es crueldad para mis emociones y la tercera es crueldad para mi mente.
Y de este modo confundo cotidianamente la codependencia con el amor, la baja autoestima con estar bien presentable, confundo el alcoholismo con la liberación, confundo mis temores con la “moral” y confundo la salud con los estereotipos rígidos y estúpidos de belleza. Entre otras cosas.

Pero soy algo más que cuerpo, emoción y mente. También soy espíritu. Y este no se traga nada, no se compra nada ni necesita absolutamente nada que no sea puro . Tiene la costumbre de reclamarme y de hablarme con una voz bajita, una voz que me dice que lo que estoy creyendo y haciendo lo daña. Una voz bajita que me pide encarecidamente que me detenga, que pare tanta crueldad para mí.

Mi espíritu conoce el camino hacia la Luz y me lo indica si lo escucho, si le pongo atención.
El verdadero reto para mí como mujer es escuchar el Espíritu que me habita y además de escucharlo convencerme de que tengo derecho a cambiar y en consecuencia a mi entorno. El verdadero reto es reconstruir el amor, el autoestima, la libertad y mi concepto de belleza.

Mi verdadero reto es Amarme y actuar en consecuencia y dejar, solo por hoy, de ser una mujer cruel.

Galhamar Ryg

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