martes, 28 de octubre de 2014

Mi Caja de Pandora Personal

Doloroso, sanador. Angustioso, relajante.
Vergonzoso, impactante¡¡¡
Reflejarse en la mirada de otro ser humano, no desde el amor, no desde la belleza, sino desde el dolor, desde la experiencia atormentadora, desde los recuerdos que carcomen, desde la conciencia que martillea el alma, desde el deseo infinito de que nadie nunca "lo descubra". De pronto está alguien ahí, de frente hablando desde su boca, desde su verdad, la vida propia. Me habla y me explica sus experiencias con el afán de que pueda comprender y remover las mías. ¿Cuán incomodo resulta ver tu historia contada por alguien a quien ni si quiera conoces? ¿Cuán incomodo resulta escribir detalladamente quien eres, quien has sido y donde te has parado?  De momento quieres gritarle ¡¡¡CALLATE!!! ¡¡¡NO DIGAS MÁS!!!

Y es que si no abro esta caja de pandora mental que he escondido por años, pocas probabilidades me dan de “recuperación” A  veces me pregunto por qué el camino que debo andar para llevar una vida más sana es taaan difícil. Y luego algo me habla internamente:

“Oye tú, pobrecita mujer que taaanto tienes que esforzarte en la recuperación, ¿te acuerdas aquella vez que terminaste tirada junto a los niños de la calle? ¿te acuerdas aquella vez que no supiste en qué momento te gastaste todo el dinero de la comida de una semana de tus hijos? ¿recuerdas aquella otra en la que despertaste sintiendo terror por no recordar donde habías pasado la noche y con quien? ¿recuerdas que sentías morirte en aquella cruda en la que no podía entrar absolutamente nada a tu cuerpo: ni más alcohol, ni agua, ni refresco, nada!!? ¿Recuerdas el asco que sentías por el olor de tu cuerpo? ¿Recuerdas la vergüenza que tenías al mirar a tu familia que no conocía todo lo que estabas viviendo? ¿recuerdas el empeño y constancia que ponías para consumir más y más y más y más…?”

Cuando esta “mendiga metiche e inoportuna” voz me habla no me queda más remedio que doblar mis manos y recordar que echar un clavado en mi pasado es necesario, no para conmiserarme, sino para limpiarlo de escombros y renacer. Y lo más maravilloso es que en este andar nuevo no necesito ir sola porque a decir verdad me da miedo, me da miedo mirarme completa por todos lados, mirar las cosas que a penas recuerdo desde mi niñez, las que tengo bien claritas en mi mente y descubrir el por qué los resortes inconscientes se disparan cuando menos me los espero.
He sentido miedo de comprender esos males profundos que me habitan por los que más temprano que tarde tuve que empinar una botella, sin embargo sale esa persona al rescate, su voz me relaja, sus experiencias me motivan y su vida nueva me da esperanza.

No solo la experiencia te une y te refleja en la persona que te cuenta su historia, sino el saber que a través de esas dolorosas, crueles y espantosas experiencias puedes alcanzar la fortaleza que nunca imaginaste y a final de cuentas ese pasado escabroso terminará siendo tu mayor tesoro.


Finalmente sientes, tal vez no amor, pero sí compasión y comprensión por el que escuchas y la maravillosa sensación de que ya nunca jamás estarás sola¡¡¡¡

Galhamar Ryg

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